Enfermedad crónica y duelo

Una enfermedad crónica puede cambiar mucho más que tu salud: puede afectar a tu vida, tus relaciones y la forma en que te ves a ti mismo. Hablar de ese duelo y contar con apoyo psicológico puede ayudarte a atravesar el proceso sin tener que hacerlo a solas.

Enfermedad crónica y duelo

Te levantas un día. Tienes fiebre, te duele el cuerpo y en general te sientes mal. Estás cansada/o. Te tomas un Ibuprofeno y te echas a dormir, pensando que habrás pillado una gripe. Pasa un día, igual. La situación persiste por días. Semanas. Te hacen pruebas. Te dan medicamentos. No mejoras.

Estás tan cansada/o que dejas de salir todo lo que lo hacías. Empiezas a perder amistades que sienten que las dejas de lado. Dejas de hacer algunas cosas que te gustaban, cuestan demasiado. La gente en tu familia no te entiende, piensan que te estás dejando e intentan forzarte a hacer cosas que no puedes.

Desde los médicos, la situación no es mucho mejor: no saben qué te pasa. Te hacen pruebas para averiguar qué te sucede. Algunos no saben qué te pasa. Otros te diagnostican basándose en parte de las pruebas y te recetan medicamentos que, con el tiempo, te das cuenta que no te están haciendo el efecto esperado. Tras esto te recetan otros con los que la situación es igual.

Así hasta que finalmente obtienes tu diagnóstico: lupus. En otros casos, esclerosis múltiple, fibromialgia u otra enfermedad crónica. Cambia el nombre, pero muchas de las vivencias emocionales terminan pareciéndose: todas estas enfermedades te suelen acompañar durante años, a menudo no se ven, y por eso no son entendidas por el entorno. Esto genera una sensación de desprotección y de duelo tremenda.

Duelo porque supone perder toda una vida por una circunstancia que no controlas, que se te juzga por ella y con la que vas a tener que convivir toda una vida, suponiéndote un desgaste constante solo por vivir. Quizá tengas que renunciar a planes que dabas por hechos. Tal vez descubras que ya no puedes trabajar igual, salir igual o cuidar de los demás como antes. Puede que no puedas acceder a todos los trabajos por tus limitaciones de salud, te tengas que coger más bajas o que, en épocas malas, no puedas trabajar y todo esto repercuta en menos ingresos. Puede que incluso dejes de reconocerte durante un tiempo.

El duelo no aparece únicamente cuando perdemos a una persona.

Y asumir todo esto sin apoyos apropiados es tremendamente duro y supone una doble carga: por un lado la de la enfermedad en sí. Por el otro, toda la pérdida y las consecuencias a nivel social, económico, personal y vital que repercuten en tu salud mental.

No hay una manera perfecta de afrontar una enfermedad crónica. El desgaste es demasiado intenso y tú no eres una máquina. Si necesitas tomártelo con más calma, tienes derecho. En muchas ocasiones, incluso personas que te quieren y tienen buena intención pueden no comprender del todo lo que estás viviendo y lo que te digan te dañe más que beneficiarte. Y está bien sentir rabia, tristeza o frustración. Que una realidad tenga que ser aceptada no significa que deje de doler. Tu sufrimiento es tuyo. Nadie tiene por qué decirte cómo vivirlo.

Pero al mismo tiempo no tienes por qué atravesar este duelo en soledad. Pedir ayuda no cambia el diagnóstico, pero sí puede cambiar la forma en que lo transitas. La terapia puede convertirse en un espacio donde poner nombre a todas esas pérdidas, comprender lo que estás viviendo y reconstruir, poco a poco, una vida que siga teniendo sentido.