Cuando sentir te provoca ansiedad
¿Te has preguntado por qué a veces la ansiedad aparece cuando en realidad estás triste, enfadado o herido? En este artículo exploramos qué puede haber detrás de esas emociones y cómo la terapia puede ayudarte a comprenderlas y afrontarlas.

Imagina que a lo largo de tu historia la vida te ha enseñado que estar triste es peligroso. Podemos llamarlo bullying, una familia en la que mostrar tristeza era visto como una debilidad, una relación en la que no había espacio para expresar lo que sentías, un jefe que utilizaba su poder para intimidarte... Tiene diferentes manifestaciones. De esa manera, cuando te sientes triste, no lo muestras. Te dices "no tengo que sentirme así". Una y otra vez. Así hasta que ya no sientes tristeza. Entonces un día, te ocurre algo doloroso, y entonces, en vez de llorar, empiezas a hiperventilar. ¿Qué está pasando?
Hay una metáfora que me gusta bastante utilizar en terapia. Las emociones son como comida. Unas te gustan más, otras menos. Y hay algunas que, por lo que sea, no podemos tolerar en un momento. Entonces, como no podemos con ellas, van a la nevera. No desaparecen, simplemente se quedan ahí, en la nevera. Y entonces, tras un tiempo, vuelven a salir en nuestras vidas. Salen otra vez de la nevera, con una ración un poco más grande. Pero ha pasado el tiempo y esa comida que no nos pudimos comer está ya un poco más rancia. Más pocha. Más difícil de comer. Y se le añade más comida, lo que pasa ahora y tampoco puedes digerir porque viene con lo anterior. De manera que vuelve a la nevera, ya que es comida que no se puede simplemente tirar cuando está mala. Así una y otra vez. Cada vez más difícil de tragar. Cada vez más comida. Hasta que llega un punto que es insostenible. Hacer frente a esta "comida" ya nos angustia. Nos genera ansiedad. Aparece lo que llamamos una emoción secundaria de ansiedad.
Una emoción secundaria es ni más ni menos que una emoción que surge ante otra emoción. Pongamos que "la comida que no nos podemos comer" esta vez es la ira por circunstancias nuestras. Intentamos a toda costa que no salga. La reprimimos. Pero intentar apartarla no significa necesariamente que desaparezca. Y vuelve a aparecer, a menudo mediante ansiedad cuando la emoción original nos angustia. Otras veces será ira. O miedo. O culpa. Lo cual no significa que siempre que tengamos ansiedad sea por esto. Pero cuando acabamos tapando una emoción, la ansiedad sí tiende a aparecer con frecuencia.
¿Y qué está tapando? Otra emoción que llamamos primaria desadaptativa. ¿Por qué primaria? Porque responde a la experiencia directa. A lo que nos está pasando. No es una cadena de respuestas como en la secundaria. ¿Y por qué desadaptativa? Porque esa emoción ya no se ajusta bien a la situación que estamos viviendo. Nos abruma y aparece de una forma que ya no nos ayuda a responder a lo que está ocurriendo. Y esto no es nuestra culpa. Puede suceder que tengamos episodios de nuestra vida que no hemos podido asimilar asociados a esa emoción. "Comida que no nos hemos podido comer".
Es como el caso de alguien que vivió en una zona de guerra y oye un petardo. Esa persona se tirará al suelo para cubrirse. Fue adaptativo, pero en el contexto actual de menos peligro ya no lo es. Como una herida que necesita cicatrizar.
¿Por qué sucede esto? Nuestro cerebro tiende a organizar y relacionar las experiencias que percibimos como similares. Con las emociones ocurre algo parecido. Y cuando algo nos desencadena una emoción, puede despertar recuerdos de otras veces que nos hemos sentido igual para intentar encontrar la mejor manera de hacer frente a la situación que nos desencadena esa emoción. La mejor manera para responder a la necesidad detrás de esa emoción. Esto es útil para resolver problemas porque nos da referencias, pero aquí genera problemas. ¿Qué sucede cuando tenemos cosas importantes sin digerir con respecto a esa emoción? Que también se activa. Y como esta vivencia no ha podido ser digerida lo suficiente, duele. Por lo que nos duele lo que vivimos ahora y también lo que vivimos entonces. Al mismo tiempo. Estamos cargando con una carga emocional por partida doble. La dichosa comida de la metáfora.
Es por eso que a veces en terapia viene bien afrontar de nuevo esas experiencias. Porque es un espacio seguro y no somos las mismas personas que entonces. Tenemos más herramientas. Ahora la cuestión es ir poco a poco "comiéndonos" esa "comida" en "cachitos manejables" hasta que esa emoción vuelva a ser adaptativa, de acuerdo a lo que estamos viviendo.